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Editorial Editorial La solución está en la unidad

La solución está en la unidad

Escrito por Fusión 12 Marzo 2009
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Vivimos tiempos de crisis, pero no sólo en el aspecto económico, sino en todo aquello que concierne a la actividad del ser humano, porque, en realidad, quien está en crisis es el ser humano.
El ser humano es una criatura compleja que, además, está en lo más alto de la escala evolutiva respecto a las demás especies. Eso es así porque posee una mente más desarrollada, porque tiene la capacidad de razonar y porque puede tomar decisiones. Pero eso, que es un síntoma de evolución, no significa que le aporte grandes beneficios siempre, es más, la historia nos demuestra que puede producir todo lo contrario, es decir, destrucciones masivas de la especie humana, violencia y barbarie que ninguna otra especie podría emular y mucho menos superar.
Y si el ser humano posee una mente más evolucionada, es precisamente para que la use en beneficio de su especie y de todas las demás, de la Tierra y de toda la vida que en ella existe. Esto no es una opción, sino más bien una condición a cumplir.
A estas alturas de la historia, existen suficientes argumentos y experiencias como para saber ya por dónde debemos caminar y por dónde no. Hemos vivido la caída de civilizaciones, el derrumbe de imperios que se creían invencibles, el horror de guerras que no sólo diezmaron pueblos y naciones, sino que además dejaron al descubierto lo más oscuro de la naturaleza humana.
Sabemos de sobra hacia dónde nos conducen determinadas actitudes y cuál es el precio a pagar por sus consecuencias. Podríamos decir que poseemos la capacidad para separar el bien del mal, para generar positividad o negatividad. Somos conscientes de nuestros actos y de sus consecuencias, y eso implica ya un nivel en la evolución y también un precio a pagar si no se asume la realidad.
Ni siquiera se trata de entrar en el debate sobre si existe o no un Dios creador, un Padre de todos.
Tanto el que cree como el que no, es igualmente responsable de sus actos porque posee la capacidad de razonar y de tomar decisiones. Y eso, al final, es lo único que importa.
Y seguro que a ese Dios, que estaría más allá de lo que nosotros decidamos creer, sólo le importaría que fuésemos consecuentes con nuestra capacidad, con nuestra experiencia, con nuestro desarrollo evolutivo. Al fin y al cabo, es lo que cualquier padre espera de sus hijos, que sean íntegros y responsables en la vida.
Pero, por alguna extraña razón, el ser humano no acaba de asimilar que estamos diseñados para convivir en paz, para apoyarnos, para colaborar, para respetarnos y para sumar nuestras cualidades, nuestras capacidades. Es más, lo contrario, lo que siempre hemos hecho y aún continuamos haciendo, nos conduce a las crisis, al dolor, al sufrimiento, a la destrucción.
Somos una especie diseñada para vivir en unidad, para complementarnos, para sumarnos.
Es como si la mente que nos diferencia de las demás especies sólo funcionara correctamente cuando nos unimos, como si cada uno tuviera una parte que encaja con las demás. Como si de un enorme puzzle se tratara.
Tal vez poseemos sólo una parte  para que despertemos a la necesidad del Todo, para que aspiremos a la Mente perfecta. Sería una buena jugada de ese Dios “inexistente”.
Sólo que habría una condición inapelable, quien quiera poseer esa Mente debe vivir el Amor, y vivir el Amor significa pensar en los demás, respetarlos y ayudarlos.
También, si es necesario, sacrificarse por los demás. Amar no tiene límite, como tampoco lo tiene la verdadera Mente.
Y si cogemos la actual situación planetaria, la crisis global que vivimos, bajo esa perspectiva, podemos ver que la situación es una consecuencia del egoísmo y la avaricia de unos pocos. También del ansia incontrolable de poder, esa enfermedad que destruye la razón y anula lo más puro del ser humano.
También es cada día más evidente que sólo saldremos de ella si se produce una auténtica unidad de todas las fuerzas, de todas las capacidades, de todos los recursos.
Lo que la humanidad pudo haber hecho con inteligencia y uso correcto de la mente, ahora tendrá que hacerlo por supervivencia y pagando un alto precio.
Estamos, como humanidad, y también como planeta, ante un salto dimensional. Ha llegado el tiempo anunciado en todas partes.
La crisis global es una crisis de evolución, de cambio, de madurez.
Todos, en el fondo, sabemos que es absurdo e imposible de mantener el modelo actual de convivencia entre los seres humanos. Todos sabemos que un gran cambio está en marcha. Los signos, las señales, son evidentes, tanto a nivel naturaleza como a nivel de valores humanos. Hemos tocado un techo y estamos atrapados en una espiral de destrucción. Algo tiene que ocurrir. Algo tiene que moverse y cambiar. Todos, o casi todos, lo necesitamos.
El ser humano, la especie humana, no ha sido creada para que se autodestruya sin más. Y aunque son muchos los cambios que se deben dar, aunque son imprescindibles reajustes en la concepción de la vida, de la relación, de los valores y en la comprensión de la naturaleza y sus leyes, también es cierto que lo único que sirve para entender el cambio, es la unidad, la comprensión y la vivencia de la unidad entre los seres humanos.
Navegamos por el cosmos en un barco llamado Tierra. No tenemos otro y pertenece a todos los seres humanos. Cuidarlo y gobernarlo en común unidad es nuestra responsabilidad.
El resto pertenece al capítulo de la evolución, al proceso que se desarrolla por sí solo, al movimiento cósmico que afecta a galaxias enteras.
Debemos, unidos, dejar atrás el círculo cerrado de nuestra existencia planetaria para integrarnos en otra realidad cósmica superior. Es sólo cuestión de abrir la mente, y también el corazón, a otras posibilidades que ya nuestros antepasados conocían y señalaban. No es nada nuevo. Está escrito y anunciado desde siempre.
El único “problema” que existe en el momento actual, es que los seres humanos comprendan, vean, que toda la crisis global que nos afecta es una consecuencia de un cambio definitivo, un cambio irreversible, y que cada uno debe auto examinarse y ver cómo está ante ese cambio, porque nada ni nadie quedará al margen.
No es una cuestión de creencias, no es un asunto religioso, ni tampoco político o económico. Es algo que tiene que ver con la evolución de la especie humana, del ser humano, y también del planeta Tierra.
Son muchos los seres humanos, de todos los niveles sociales, que saben lo que está ocurriendo, y también son muchos los que lo presienten y los que lo invocan.
Sólo queda prepararse para ello, y la mejor preparación que existe es vivir en armonía y en consonancia con la vida, con los demás, con la naturaleza. Recuperar los auténticos valores y confiar, porque por encima de aquellos que se empeñan en oponerse a la evolución, a la libertad y al respeto a las creencias de cada uno, está la Ley Superior, y ésta coloca a cada cual en su sitio.
La asignatura pendiente es la unidad. Que cada uno se auto examine y que nadie olvide que la evolución no se detiene por nada ni por nadie. Así ha sido desde que existimos como humanidad y así seguirá siendo. Porque así lo marca la Ley. Δ

 

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