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Poder en femenino. Antoni Gutiérrez, asesor de comunicación

Escrito por Mariló Hidalgo 24 Febrero 2009
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La mayoría de las palabras clave de la sociedad de conocimiento son de género femenino. Red, comunidad, comunicación, información, conversación... y también LA política. Esto es al menos lo que señala el asesor de comunicación y consultor político Antoni Gutiérrez Rubí. Su trabajo le ha permitido estar al lado de muchas mujeres políticas y observar y reflexionar sobre esa manera diferente de ejercer el poder.  Parte de esta experiencia aparece reflejada en su libro 'Políticas' El Cobre). Antoni Gutiérrez, asesor de comunicación. Poder en femenino.
Concejalas que hoy son ministras. Alcaldesas que hoy son consejeras de gobiernos autonómicos. Subdirectoras y directoras generales que hoy son responsables de institutos o secretarías generales. Un largo camino de campañas electorales con candidatas al Congreso, Senado o Parlamento Europeo. Empresarias, directoras de medios de comunicación dentro y fuera de nuestro país..., la lista de mujeres con las que ha trabajado Antoni Gutiérrez es larga, así como su lista de agradecimientos. De esa intensa experiencia surge “Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado” . Se abren nuevos escenarios y posibilidades para el liderazgo femenino en esta sociedad en red donde la idea, la palabra y las emociones, recuperan protagonismo.
-Dentro de tu trayectoria profesional en el mundo de la comunicación, ¿por qué decides un día trabajar con mujeres políticas?
-No fue algo deliberado. En el ejercicio de mi trabajo como asesor de comunicación y consultor político fui sintonizando con determinadas mujeres que además eran políticas. Juntos hemos reflexionado en cómo ellas ejercen el poder, cómo se construyen esos nuevos liderazgos desde la mujer. De su mano he aprendido mucho. Les interesa la reflexión que hay detrás de los servicios que uno presta, cuáles son las razones que están ocultas detrás de los prejuicios sociales, los clichés o los estereotipos. Fruto de todo esto y como muestra de gratitud y compromiso con las mujeres políticas que confiaron en mí, surge este libro.
-¿Qué tenías tú para ofrecer?
-Para alguien que está interesado en la comunicación, entendido como un sistema en red, como una construcción de comunidad, se trató más bien de un encuentro personal. Ellas ejercen la comunicación con mucha más vocación de diálogo, de búsqueda de puntos de encuentro, de concepto de redes. No imponen, sí dialogan, profundizan, cooperan. Nuestro encuentro fue de forma natural.
“La autoridad de la mujer no se fundamenta en jerarquías sino en el mérito de las ideas, en el liderazgo para cohesionar y movilizar con persuasión”
-Nos encontramos en un momento donde el número de mujeres que ocupan cargos de alta responsabilidad es el más elevado de toda la historia. ¿Cómo es esa nueva forma de ejercer el poder?
-La identifico con tres cosas. La más clara es el elemento social. Allí donde gobiernan mujeres se percibe una dimensión social del servicio público, hasta el punto en que suben lo que podríamos llamar los “indicadores” del bienestar. La segunda es que su autoridad no se fundamenta en jerarquías sino en el mérito de las ideas, en el liderazgo para cohesionar y movilizar con atracción, con persuasión. Valores no machistas y esto es algo que, personalmente, me parece muy sugerente. Las políticas mandan pero de otra forma. Explican mejor sus planteamientos, justifican sus decisiones, argumentan su autoridad, no esperan sólo que sus órdenes se cumplan. La tercera característica es que tienen una habilidad especial para comunicar dePoder en femenino. Antoni Gutiérrez, asesor de comunicación. manera sensible, emocionalmente motivadora, con capacidad de empatía, de crear climas. Tienen una epidermis emocional interesante que las hace atractivas para la política. Una de las cosas que echa en falta la ciudadanía es el alejamiento de la clase política, de los discursos. Estas nuevas mujeres ejercen la política de forma sensible, emocionalmente rica y consiguen proximidad. Y con ello no me refiero a una cuestión de género. Sería muy bueno que esta feminización se convirtiera en un valor tanto para hombres como para mujeres.
-¿Por qué esta nueva forma de hacer política genera miedo en algunos sectores?
-Por cosas que te sorprenderían... como por ejemplo la competencia. Tenemos una buena articulación jurídica que garantiza la presencia de las mujeres de forma paritaria en todos los ámbitos de toma de decisión. Esto hace que las mujeres compitan con los que han sido hasta ahora los protagonistas de la política, es decir, los hombres. Llegan y lo hacen mejor, en el sentido que antes comentaba de renovación. Este nuevo aire tiene que ver con una nueva orientación hacia temas más sociales, con otra forma de entender el poder y con otro tipo de relación con los demás. Si la mujer desarrolla estos tres frentes se convierte en una competidora muy efectiva que no sólo podrá ocupar la mitad del poder, sino más. La opinión pública latinoamericana tiene muy claro que las esperanzas de renovación política, de transformación vienen de la mano de las mujeres. Es como si hubiesen entendido que el capital humano de los hombres y su forma de ejercer el poder, se hubiese agotado. Esto creo que es un dato indicativo.
“Hay un conjunto de tópicos y estereotipos que hacen que a una mujer le cueste el doble llegar a un puesto de responsabilidad. Y las que llegan lo hacen superando más trabas y dificultades que cualquier hombre”
-¿Consideras que para conseguir esa igualdad real sólo se puede hacer desde el poder?
-No, porque creo que es un tema también cultural. Tener garantizado por ley la mitad del poder no quiere decir que este sea real. En temas de legislación hemos avanzado mucho, pero el conjunto de la sociedad aún sigue anclada en muchos clichés y prejuicios sobre la mujer y la política. Hace falta cambiar muchos esquemas sociales que están fuertemente arraigados.
-Recuerdo que cuando Teresa Fernández de la Vega aceptó la responsabilidad de Vicepresidenta del Gobierno comentó que había llegado hasta allí gracias al esfuerzo de muchas mujeres con las que se sentía en deuda moral. ¿El camino de la mujer hacia el poder se vive como una causa colectiva?
-Sí, por supuesto, y eso es una característica muy interesante. Sienten que forman parte de una lucha que tiene historia, hitos, sacrificios que han afectado a todas las mujeres por igual. Tienen conciencia de género, de lucha compartida. En el caso de la vicepresidenta, no sólo pienso que tiene razón sino que ella dice lo que siente. Estoy seguro.
Poder en femenino. Antoni Gutiérrez, asesor de comunicación.-Dicen que para alcanzar la paridad en política, primero hay que cambiar la mentalidad de los partidos desde dentro -el caso de Ségolène Royal, por ejemplo-. ¿Crees que se trata de una tarea titánica?
-No en el sentido de que sea algo que no se pueda conseguir pero va a requerir por parte de las mujeres mucho esfuerzo. A las mujeres no sólo no les regalan nada sino que les perdonan la mitad de los errores que a los hombres. Eso ocurre en la vida normal pero en política, aún más. Hay un conjunto de tópicos y estereotipos que hacen que a una mujer le cueste el doble llegar a un puesto de responsabilidad. Y las que llegan lo hacen superando más trabas y más dificultades externas e internas que cualquier hombre.
-Antes hablábamos de la importancia en la política de conectar con el otro, de transmitir. ¿Qué papel juegan las emociones en el discurso político?
-Una parte esencial. Si no llegas al corazón de las personas es difícil que llegues a su mente. La política emocional que te permite ponerte en el lugar del otro, saber cómo está, sentirle... es lo que hace que los políticos triunfen. Ahí tenemos el ejemplo del discurso de Obama. Ponerse en la piel del otro no tiene nada que ver con imaginar ni entender lo que vive la otra persona. Sobre este tema he escrito mucho y lo considero muy importante. Tenemos un universo sensorial muy rico y es con lo que construimos la mayoría de nuestro bagaje, de nuestras tomas de decisión. Eso debe transmitirse.
-¿La belleza es política?
-Por supuesto, aunque dicho así podría ser malinterpretado. Entiendo la belleza como el ejercicio de entender que la dimensión pública de un político es una responsabilidad. Tiene que representar con dignidad la soberanía cedida y eso le obliga a un ejercicio de pulcritud, de belleza. Por eso es importante cuidar las formas y dar una imagen lo más agradable posible y con ello no me refiero a los cánones de belleza masculina y femenina, ni el ser guapo o feo. Es otra expresión que engloba más cosas y transmite mucho más.
-¿Te atreveríasPoder en femenino. Antoni Gutiérrez, asesor de comunicación. a dar el nombre de una mujer que hoy represente esa nueva forma de hacer política?
-Sí, creo que Carme Chacón podría ser una candidata. Tiene algunas de esas sensibilidades que hemos comentado.
“Tener garantizado por ley la mitad del poder no quiere decir que este sea real. La sociedad sigue anclada en muchos clichés y prejuicios sobre la mujer y la política”
-Hemos hablado de los estereotipos que existen a la hora de valorar a las mujeres políticas, ¿cómo debe ser esto encarado por parte de la mujer?
-Me atrevería a decir que primero conociéndolo a fondo. Viendo hasta qué punto la opinión pública es vulnerable a los estereotipos. Y una vez hecho esto, dirigir los esfuerzos para romper estos prejuicios de carácter misógino y machista que invaden a la sociedad. Ignorar esta realidad es mal asunto. Hace menos de un año un 25% de población española consideraba que no era buena idea el hecho de que una mujer tuviese altas responsabilidades políticas. Y no lo veían bien por distintas razones: no se les consideraba preparadas, no tendrían tiempo, sus obligaciones personales no les iban a permitir dedicarse con la misma intensidad que un hombre, etc. Este dato es muy fuerte.
-Y en este recorrido, ¿qué te aportaron ellas a ti?
-Me ayudaron a ser más reflexivo, a pensar más lo que digo. Mira, en una reunión en la que hay varios hombres y mujeres discutiendo sobre un tema, cuando un varón da un argumento los otros del grupo suelen repetirlo. Hay una especie de testosterona intelectual que nos impide pensar que si el argumento ya está dicho no tengo por qué repetirlo. Es como si necesitásemos siempre un protagonismo mental y físico, cuando en la mayoría de los casos nos iría mucho mejor aplaudir y reconocer el argumento del otro. Esto en cambio no les ocurre a las mujeres, respetan el argumento y a la persona, escuchan y hablan menos. Me han enseñado a respetar y a escuchar. Δ

 

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