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Nacional Tema La fuerza del movimiento vecinal

La fuerza del movimiento vecinal

Escrito por Fusión 18 Febrero 2009
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Muchas de las cosas que hoy existen en los barrios de las grandes ciudades: parques, colegios, ambulatorios, bibliotecas, etc. son resultado de la acción de las asociaciones de vecinos. Un fenómeno que nace a finales de los 60 y que después de un tiempo de silencio surge con fuerza en varios lugares de nuestro país. El economista Albert Recio, Vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona nos amplía la información. Albert Recio. Vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona
-Entre el 68 y 69 nacen las primeras asociaciones vecinales en Madrid, Barcelona y Zaragoza. Antes ya había comenzado en Euskadi. Se trataba de un fenómeno único en Europa. ¿Cuáles fueron sus reivindicaciones? ¿Qué consiguieron?
-El movimiento vecinal en España nace por la conjunción de dos razones. La razón principal se encuentra en la situación que se vive en las zonas urbanas debido a la ausencia de inversiones públicas y a la presión especulativa generada por el propio crecimiento urbano. A ello hay que sumar que el franquismo abrió una puerta a la intervención colectiva al legalizar las Asociaciones de Vecinos que pudieron convertirse en un paraguas legal para los activistas sociales. La lucha del movimiento vecinal en la transición fue sobre todo dirigida a la mejora de la vida social: urbanismo, equipamientos, servicios públicos… Desarrolló también una importante labor de espacio solidario con otros movimientos (desde el apoyo a las reivindicaciones obreras hasta la creación de las primeras vocalías de mujeres, pasando por las movilizaciones por las libertades) y de generación de cultura popular (en muchos barrios las Fiestas mayores fueron un invento o una recreación del movimiento vecinal). Fueron una parte importante de las movilizaciones sociales que forzaron la transición y marcaron una parte de la agenda política de la misma: la necesidad de dignificar la vida social en forma de reformas urbanas y servicios públicos.
-En estos momentos el movimiento vecinal vuelve a surgir con fuerza en las principales ciudades de nuestro país. ¿Por qué? ¿Con qué retos?
-El movimiento vecinal es un poco “Guadiana”. La actividad cotidiana de un puñado de activistas toma cuerpo cuando en los barrios se perciben agresiones importantes, por ejemplo actuaciones urbanísticas especulativas (como es el caso en Barcelona del proyecto de recalificación de suelo a favor del FC Barcelona o la construcción de un hotel de lujo junto al Palau de la Música), cuando se percibe falta de equipamientos o servicios públicos u otro tipo de agresiones, como puede ser el alza de determinados precios de servicios. Es aún una lucha desigual e insuficiente.
En el conjunto del país hay muchos retos de futuro en los que hacen falta movimientos organizados. En primer lugar está toda la cuestión de la insuficiencia de servicios públicos. España sigue siendo uno de los países desarrollados que gasta menos en servicios públicos y asistencia social. El crecimiento demográfico de los últimos años ha hecho aún más evidente el inadecuado nivel de gasto y estructura de servicios tradicionales como la educación o la sanidad pública (amenazadas además por las políticas privatizadoras) o la ausencia de un verdadero servicio público de cuidados, por no citar la situación de la vivienda. La crisis económica actual, que amenaza ser prolongada generará nuevas necesidades y al mismo tiempo abre una oportunidad para la defensa del empleo en base a la ampliación de servicios sociales. Otro de los grandes retos es el de la sostenibilidad. Hacer frente a la crisis ambiental es esencial para la humanidad y requiere cambios importantes en las formas de vida, por ejemplo en los modelos de transporte, en las viviendas, en las pautas de consumo. Algunas luchas urbanas ya van en esta dirección. Y el tercer reto es evidente el de seguir trabajando por una sociedad más cooperativa e inclusiva. Desde el movimiento vecinal sabemos que todo esto no lo haremos solos y por esto cada vez más nos orientamos al trabajo con otras entidades, movimientos sociales, etc.
Ante el obsceno espectáculo al que estamos asistiendo, con una política de bienestar para ricos (dinero a los bancos), unos ricos que además siguen pidiendo nuevos recortes de derechos sociales, es más necesario que nunca reforzar procesos sociales de participación efectiva, de debate racional, de defensa de los derechos sociales.
-Hoy los barrios han cambiado y son producto de un amplio mestizaje. Los problemas, las necesidades y las formas de enfrentar todo ello son de lo más heterogéneo. ¿Cómo conseguir una sola voz?
-Yo creo que este mestizaje siempre ha existido de alguna forma. Al menos para mí que soy de Barcelona, la llegada de la inmigración masiva en los años 1960s a la ciudad supuso la aparición de barrios de aluvión con gente venida de muchas partes (En mi infancia hablar castellano en Barcelona era sinónimo de clase alta, diez años más tarde lo era de clase obrera). Y el movimiento vecinal, sobre todo en los barrios obreros lo que hizo fue unir a la gente en torno a los problemas comunes. Ahora las cosas son algo más complicadas, la variedad de lenguas y culturas es mayor, el problema de “los papeles” incide en la vida cotidiana del nuevo vecindario, sus redes de apoyo son diversas y a veces se plantean conflictos por razones culturales. Hasta el momento las mejores experiencias vecinales se han caracterizado por generar plataformas de apoyo a los recién llegados y la organización de actividades que ayudan a cohesionar a la gente. Por ejemplo en mi distrito contamos con una organización (de la que forman parte muchas entidades) orientada a suministrar información y apoyo a la inmigración y que entre otras cosas organiza anualmente un “Festival de sopas” donde cualquier vecino o vecina puede aportar su propia sopa, es una fiesta magnífica que aúna a la vez lo común (toda la gente come algún tipo de sopa) y lo diverso. Hay muchos espacios en los que trabajar este mestizaje, las escuelas, los centros cívicos, las fiestas mayores, las asociaciones de vecinos y creo que de lo que se trata es de ir aprendiendo de las mejores experiencias. Al fin y al cabo la lucha por mejores servicios, por la sostenibilidad, por un urbanismo a escala humana es algo que a todo el mundo interesa. Y creo que simplemente abriendo canales con el tiempo será posible convertir la diversidad en fuerza. Hay incluso experiencias curiosas que obligan a no dramatizar lo de la heterogeneidad: en Barcelona muchos bares han pasado a manos de personas chinas, pero manteniendo el tipo de bar y la clientela tradicional. Es una muestra más de la enorme capacidad de adaptación que tiene lugar en muchos barrios de nuestras ciudades.
-Se dice que de esta forma nació la democracia en nuestro país. ¿Qué hemos dejado en el camino y hemos de recuperar?
-Ya lo he dicho antes, el movimiento vecinal fue un gran impulsor del cambio democrático. Tanto desde el punto de vista de las exigencias de mejoras como desde la propia práctica interna: personas dedicadas al servicio de la comunidad, información al vecindario, participación en forma asamblearia y de otro tipo, etc.
Tras la transición hubo un deterioro. En gran medida impulsado desde el poder político temeroso de tener un rival con el que tener que discutir de tú a tu. Un deterioro que se produjo de formas diversas: deserción de activistas (hacia cargos públicos o simplemente hacia el sofá de su casa), cooptación mediante prácticas clientelares, etc. La desmovilización social no sólo afecto al movimiento vecinal sino que ha sido común en otras muchas partes. Pero, a pesar de todo, se han mantenido hilos de actividad, y  se ha mantenido una cierta tensión democrática. En algunos lugares más que en otros. Y enfrentándonos a lo que llamamos “la otra participación” la que tiene lugar bajo bambalinas y que supone el continuo chalaneo de los poderes públicos con los grandes intereses económicos (locales, nacionales, multinacionales).
Hoy, cuando enfrentamos, a la vez, una crisis económica, una crisis ecológica y una crisis del cuidado, es más necesario que nunca reforzar procesos democráticos en beneficio de la mayoría de la sociedad.  Ante el obsceno espectáculo al que estamos asistiendo, con una política de bienestar para ricos (dinero a los bancos), unos ricos que además siguen pidiendo nuevos recortes de derechos sociales, es más necesario que nunca reforzar procesos sociales de participación efectiva, de debate racional, de defensa de los derechos sociales. Y eso no veo otra forma de hacerlo si no existe un movimiento social implantado en cada territorio, en diálogo directo con la población, aunque se trate de un movimiento plural, donde las Asociaciones de Vecinos seamos solo una parte de un todo más amplio.
-Ante el panorama que estamos viviendo, ¿qué reflexión le surge a Albert Recio, activista con más de treinta años de lucha en el movimiento vecinal?
-Bastante ya lo he contado arriba. Varias cosas más. Primero que el movimiento vecinal ha sido útil. En Barcelona y Madrid estamos preparando una exposición que sirva para recordar lo que ha ocurrido en nuestra ciudad gracias a nuestras movilizaciones. Y no es sólo útil por los logros que se obtienen sino también por las dinámicas sociales que se generan. Participar, hablar con la gente es también una forma de generar convivencia, tejer relaciones sociales, construir humanidad, aprender continuamente. Eso exige algo de paciencia y constancia. Cuando uno es joven sueña con un cambio radical a corto plazo. Con el tiempo descubres que la realidad es dura y los cambios son más lentos de lo que uno espera. El movimiento vecinal, como otros movimientos sociales, es un espacio de trabajo a largo plazo. Es también una experiencia apasionante y enriquecedora que a veces se pasa de largo. Precisamente porque estamos sometidos al discurso consumista del todo al instante y de forma individualista. Pero la experiencia de un movimiento que ha aunado reivindicación, participación y actividad relacional (incluida la organización de muchas actividades lúdicas) es una buena vía para pasar de la pseudo- utopía del mercado al de una sociedad democrática. Δ

 

Comentarios   

 
0 #1 Mario Marini 15-12-2011 01:33
Queridos colegas de la revista Fusión, en mi carácter de periodista y dirigente vecinalista les quedaré muy agradecido si pueden suministrarme la dirección electrónica (mail) del señor Recio, pues quería hacer contacto con él.
Un fuerte y cordial abrazo desde Mar del Plata, en la República Argentina.-
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