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Editorial Editorial Los Mensajeros de la Muerte

Los Mensajeros de la Muerte

Escrito por Fusión 12 Febrero 2009
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El caso Eluana ha destapado una vez más el frasco de la esencia pura de la hipocresía, representada por el Vaticano y por su lacayo Berlusconi.
Sus manifestaciones a favor de la vida y sus obsesivos intentos para prolongar sin tiempo la condena que vivía la joven italiana, son lo más opuesto a la razón, a la lógica y a la más elemental expresión del amor y de la compasión que puede existir, así como una especie de burla macabra por la catadura moral que tanto el Vaticano como Berlusconi lucen en sus currículos.
Es absolutamente incomprensible e inadmisible semejante cruzada pro vida, en el caso Eluana, por parte del Vaticano, cuando su denuncia por el genocidio reciente en Gaza ha sido sólo un tímido susurro.
Y lo mismo se podría decir de Berlusconi, cuya ética es de sobra conocida a estas alturas.
¿Qué persiguen ambos, con tanta fogosidad en este caso? ¿Qué interés egoísta les mueve?
Por otra parte, ambos llevan a extremos incomprensibles su defensa de la vida, pero ¿qué entienden ellos por vida? ¿Es acaso su opinión, su criterio, la verdad absoluta?
Si creemos y seguimos a Jesús, como ellos dicen hacer, entonces tenemos que aceptar que la auténtica vida está ubicada más allá de esta, en otra dimensión del tiempo y del espacio. ¿Está Eluana ahora más viva que antes? ¿Ha renacido a la verdadera vida?
Se teoriza con la vida y con la muerte con una facilidad pasmosa. Todos son expertos. Todas son verdades absolutas. Todos se expresan con sentencias.
Y cuando esas “verdades” se convierten en leyes que imponen, que obligan, entonces todo pierde el sentido real y se convierte en algo esperpéntico, más propio de un serial de terror que de una historia real con nombres propios y víctimas reales.
El Vaticano vuelve a representar, una vez más, la imagen repugnante de la sinrazón. Pretenden ser, seguir siendo, la voz omnipresente de la autoridad cualificada para marcar la conducta correcta, la única válida, la que no admite discusión.
Pero su voz ha quedado desfasada y su imagen deteriorada por perversiones y mangoneos políticos y económicos. Ya no son nada. No tienen credibilidad alguna.
Berlusconi quiere resucitar la Italia fascista, el poder absoluto concentrado en su figura, y su intento de manipular incluso el derecho a la vida o la muerte, es una patética muestra de sus intenciones y de su ignorancia pervertida y oportunista.
Ninguno de los dos poderes está cualificado para abordar el tema, porque incluso la ciencia se muestra prudente ante una realidad que trasciende lo puramente físico.
En cualquier caso, nadie es dueño de la vida de otro, nadie tiene potestad para tomar decisiones que impliquen quitar o perdonar la vida.
Eso sólo corresponde a Dios, para los creyentes, o la misma naturaleza, para los no creyentes.
Y en último caso, es la persona la que debe decidir si quiere o no seguir viviendo, y en su decisión recaerá el mérito de su acierto o el precio a pagar por su error. Pero, en cualquier caso, es su derecho y de nadie más.
Y si la persona no está en condiciones de asumir esa decisión, pues que la responsabilidad pase a sus familiares más cercanos.
Y todo este embrollo se soluciona fácilmente con el testamento vital, o con leyes concretas que regulen estas situaciones. Pero no con leyes elaboradas a toda prisa para hacer valer por la fuerza una posición que, además de dudosa, es entrometida, oportunista y despreciable, por la falta de respeto hacia la víctima y, sobre todo, hacia sus padres.
Por todo ello, tanto el Vaticano como Berlusconi son, en este caso, los mensajeros de la muerte, porque lo que pretendían no era luchar por la vida, que es otra cosa, sino perpetuar el sufrimiento, el dolor y la agonía de una persona y de los que la querían.
Es muy fácil confundir vida con muerte y viceversa. Es tan fácil que todos los días ocurre a nuestro alrededor, pero tal vez el error está en que hay que detenerse más a reflexionar sobre el tema, y hacerlo desde posiciones más humildes y más analíticas, sin dogmatismos, sin fanatismos, con gran apertura mental.
No existe nada más negativo para la evolución de la humanidad que las posturas férreas basadas en interpretaciones particulares de la verdad. Curiosamente, los más reacios a admitir otras posibilidades son los que se declaran mas creyentes.
Jesús resucitó en su cuerpo de luz y demostró así que existe otra vida más allá de esta.
¿Cómo se puede presumir de cristiano e ignorar esa realidad?
En cualquier caso, lo importante es que Eluana ya es libre. Ella ya conoce la respuesta.
Pero seguro que si nos mandara un mensaje desde el más allá aclarándonos la situación, la iglesia lo rechazaría porque chocaría con sus intereses.
Y Berlusconi porque, al fin y al cabo, sería la opinión de una mujer, y es de sobra conocida su valoración de las mujeres. Δ

 

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