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Guerra sorda contra lo nuevo

Escrito por Rosa Vázquez 19 Noviembre 2008
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Me ha dejado muy impactada  la lectura  del artículo aparecido en esta revista titulado “El hereje del cáncer. Antonio Brú. Doctor en Física”, en el que se nos da a conocer que “usando patrones matemáticos, este investigador en la Universidad Complutense de Madrid y su equipo, consiguieron explicar el crecimiento tumoral. ( ) Sus investigaciones establecen que el cáncer puede curarse”
Teniendo en cuenta la cantidad de millones de seres humanos que padecen esta enfermedad y lo cerca que estamos cada uno de nosotros de personas aquejadas de ella o que han fallecido a causa de ella, me parece un delito muy grave que se les esté boicoteando por todas partes, echándoles por tierra sus proyectos de investigación sobre “un tipo de leucocitos-los neutrófilos- capaces de curar el cáncer “.
Me trae esto a la memoria un artículo que leí hace años y que conservo, firmado por Luís Arribas en el que expone el caso del Doctor Ryke Geer Hamer, médico alemán, doctor en físicas y en medicina y que fue director del Hospital Universitario de Tübingen hasta que propugnó sus teorías  sobre el cáncer, relacionando la enfermedad con problemas emocionales vividos por el enfermo, llegando a la conclusión de que “Todo shock psíquico, altamente traumático, que pilla por sorpresa y es vivido en aislamiento, produce una ruptura de campo electrofisiológico o electromagnético de un área concreta  del cerebro y, como consecuencia se lesiona el órgano que esa parte del cerebro está regulando.”
Durante meses fue reuniendo pruebas a través de los  TAC que les hacía a los enfermos y que confirmaban sus descubrimientos, comprobando, por ejemplo, que “si hay cincuenta pacientes hospitalizados con problemas de riñón, los cincuenta narran experiencias traumáticas relacionadas con líquidos” (Sic). Sus propios compañeros médicos le denuncian al Colegio de Médicos por “sus prácticas contrarias a lo ortodoxo pretendiendo que le retiren su licencia de médico, pero saliendo al paso de esta denuncia Hamer propone a la comisión científica nombrada al efecto que él mismo renunciará a su profesión si después del análisis de los scanners  cerebrales que le presenten no diagnostica correctamente el tipo de cáncer que muestran  la fase en que se encuentra la enfermedad y el tipo de conflicto emocional que la ha producido. Después de nueve horas y doscientos scanners analizados Hamer no falla en ninguno por lo que la comisión científica decide no inhabilitarle. Sin embargo, los mismos compañeros que le denunciaron  al Colegio de médicos, ante esta negativa deciden denunciarle a la justicia ordinaria. El juez encargado del caso decidió inhabilitar al doctor Hamer para ejercer su profesión y se negó a aceptar como prueba el dictamen de la comisión científica del colegio de médicos alemán “ (sic).
Por supuesto que  ese doctor proponía una manera de curar el cáncer que iba en contra del negocio de las industrias farmacéuticas y de sus colegas médicos.
No se si a estas alturas ese médico habrá sido rehabilitado o si ya estará muerto, pero lo cierto es que a lo largo de la historia todas las personas que han tenido ideas innovadoras respecto a algo, han sido rechazadas, ridiculizadas e incluso llevadas a la hoguera. Hoy no se estila ese tipo de tortura pero el daño moral  es similar y en este caso se está escamoteando a la sociedad la posibilidad de curar a millones de personas  con métodos menos  agresivos y traumáticos
No he podido dejar de relacionar las investigaciones del Doctor Antonio Brú con la noticia aparecida estos días en la prensa en relación con Hannah Jones, esa adolescente inglesa de trece años  a la que su enfermedad la ha hecho madurar y que renuncia a que le realicen un transplante del corazón prefiriendo vivir los pocos meses que le queden de vida disfrutando al lado de su familia en lugar de encerrada en un hospital. El tratamiento tan brutal a la que fue sometida para curarle  el cáncer durante años acabó por destrozarle ese órgano tan vital.
¿Cómo es posible que las personas que  tienen poder para mejorar la calidad de vida de los demás se puedan mostrar tan insensibles?  ¿Tanto poder tienen la envidia profesional, el dinero, el apego a las propias convicciones que no hay lugar para  aceptar otras ideas innovadoras?
Rosa Vázquez.
 

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