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Opinión Opinión 905 peligros… y más

905 peligros… y más

Escrito por Unión de Consumidores de Extremadura (UCE) 11 Septiembre 2008
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La llegada de la Televisión Digital Terrestre prometía ampliar hasta el infinito el horizonte de la diversión y el entretenimiento en los hogares. Pero, lejos de llegar aún a un desarrollo que pueda alcanzar tan ambiciosa meta, las posibilidades de intervenir en algún programa se limitan a las ya conocidas: votaciones para que tal o cual concursante se vaya o se quede en el programa, envío de opiniones en formato mensaje de texto y, sobre todo, participación telefónica en concursos. Todas ellas son fórmulas ya conocidas en la televisión convencional y utilizadas con frecuencia desde hace tiempo.
Lo más habitual hasta el momento era que un programa de los llamados “reality shows” (tipo Gran Hermano u Operación Triunfo), invitara a la audiencia, es decir, a todos los que estamos delante de la pantalla, a participar en su desarrollo decidiendo, con nuestros mensajes de texto o llamadas de teléfono, qué concursante debía ser expulsado.
Esta participación telefónica se realiza a través de los números de teléfono que comienzan por 905, destinados según la legislación vigente a llamadas masivas (encuestas) y al televoto, es decir, a que los televidentes realicen votaciones o contesten a encuestas. Sin embargo, en los últimos tiempos se está generalizando una práctica que vulnera frontalmente los derechos básicos de los consumidores.
Los problemas derivados de abusos en la utilización de servicios telefónicos por parte de empresas con pocos escrúpulos no son nuevos. Los primeros casos estaban relacionados con los 903. Luego llegaron los 906, los SMS Premium y un sinfín de modalidades que trataban, básicamente, de facturar servicios no solicitados por el usuario, enriqueciendo notablemente a sus promotores.
Numerosas normas han ido saliendo al paso de estas prácticas, pero las nuevas tecnologías son un ámbito demasiado amplio como para controlarlo en su totalidad, y continuamente aparecen nuevas fórmulas para burlar esos controles y engañar a los ciudadanos.
Una de las últimas reformas determinaba perfectamente el tipo de servicios que podía ofrecerse a través de los distintos números. Entre ellos, existe un grupo de números que, gracias a la proliferación de concursos televisivos en los que la audiencia puede participar votando al ganador, se han hecho muy populares. Nos referimos a los 905. “La proliferación de concursos televisivos que utilizan teléfonos 905 para que los espectadores participen, disparan las denuncias”.
Concebidos en un principio para acoger llamadas masivas y televoto, estamos asistiendo a una contaminación de su función original, pues cada vez son más los programas que los utilizan como medio para que la audiencia participe. Pero, en esta ocasión, nuestra participación no es para elegir a uno u otro concursante. Esta vez, nosotros mismos somos los concursantes.
Les invitamos, si no lo han hecho ya, a que vean la televisión en la madrugada. A esas horas, algunos canales tradicionales y muchos de la nueva TDT, que se dedican casi en exclusiva a ello, nos ofrecen participar en concursos que nos retan a contestar preguntas del tipo “¿de qué color era el caballo blanco de Santiago?”. “Caramba, si ésa me la sé”, exclamaremos la inmensa mayoría de nosotros, y muchos nos lanzaremos hacia el teléfono para intentar conseguir los 600 euros que nos prometen como premio. Pero claro, igual que nosotros, otros cientos de espectadores también lo intentan, por lo que la respuesta al otro lado del teléfono no es más que una locución grabada que, lamentando dejarnos en espera, nos invita a aguardar unos minutos porque “estamos a punto de entrar en antena”. Llegados a este punto, y tras dos o tres minutos de espera, colgaremos, dando por finalizada la comunicación. “Bueno -pensaremos-, no he ganado nada, pero al menos estos dos minutos no me han costado más que un par de euros”. Y nos iremos a la cama tan tranquilos.
Pero el concurso, seguro de que seríamos un gran participante, no está de acuerdo en finalizar esa comunicación, por lo que se produce un auténtico secuestro de nuestra línea y el sistema empieza a rellamar al concurso de forma automática, sin nuestro consentimiento y sin que en ningún momento seamos informados de ello. Estas rellamadas, que se producen cada pocos segundos, pueden llegar a sumar más de 250 durante los 30 ó 40 minutos que dura el programa. La cuenta es muy sencilla: si cada llamada nos cuesta 0,90 euros, muy mal se tiene que dar para que las ganancias no superen los 200 euros. Claro que de eso nos enteraremos algunas semanas después, cuando nos llegue la factura.
La Unión de Consumidores ya ha denunciado en numerosas ocasiones esta realidad y solicitaremos una normativa que proteja a los consumidores en un ámbito, el de las nuevas tecnologías, en el que casi a diario aparecen nuevas formas de engaño que basan su eficacia en la absoluta falta de información que recibe el usuario.
Hasta ese momento, los usuarios que hayan sido víctimas de este engaño pueden presentar sus reclamaciones ante la Junta Arbitral de Consumo y contra su operador de telefonía, pues el criterio que se está siguiendo, muy acertadamente, es considerar a la compañía como “colaborador necesario” en este fraude, pues es ella quien nos factura, enriqueciéndose con ello y, además, dispone de los medios técnicos necesarios para detectar esta práctica y alertar a sus clientes.
 

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