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Internacional Actualidad Italia y su basura

Italia y su basura

Escrito por Carolina Fernández 02 Junio 2008
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¿Qué pasa en Italia? ¿Dónde está ese pueblo humanista, antiguo, civilizado? ¿Qué fue de la cultura, de la sensatez, de la elegancia que conocíamos? ¿Cómo es posible, nos preguntamos, que los ciudadanos volvieran a poner en el gobierno a un individuo como Berlusconi, procesado por no sé cuantos delitos de corrupción y con tres causas aún pendientes? Ventana Internacional¿Cómo pudieron votar de nuevo a un tipo que modela las leyes a su conveniencia, que dirige el país como si fuera un feudo de la mafia, que monopoliza, y como consecuencia, mangonea los medios de comunicación, que trata a las mujeres como floreros, incluidas sus ministras? ¿Cómo es posible? No sabemos, pero ahí está. Ahora Europa se frota los ojos ante lo que tiene delante: un gobierno abiertamente xenófobo que respalda, alienta y defiende una persecución racista de gran calado contra los gitanos y, de paso, contra los inmigrantes. Y ya sabemos que Europa es lenta de reflejos. Europa se frota los ojos ante lo que tiene delante: un gobierno abiertamente xenófobo que respalda, alienta y defiende una persecución racista de gran calado.Tarda en darse cuenta, tardará en calcular las consecuencias, y tarda más aún en elaborar alguna reacción, si es que llega a mover un dedo.El caso es que ahí tenemos ya las primeras consecuencias: un informe de la ONU alertando por la gravedad de la situación; otro de la enviada especial del Parlamento Europeo que habla de redadas nocturnas, detenciones sin motivo, agresiones en las dependencias de la policía y “un clima general de persecución” contra la comunidad gitana. Si no estuviésemos en 2008 parecería que nos hemos ido atrás en el tiempo, a los años cuarenta del siglo pasado. Como si no se hubiera aprendido nada. Seguramente es que no se ha aprendido nada.El caso es que lejos de amilanarse, Berlusconi responde presentando un proyecto de ley que convierte directamente en delito la inmigración ilegal. De salir adelante –que saldrá, Berlusconi tiene mayoría parlamentaria- los irregulares podrán ser detenidos hasta dieciocho meses, no por faltas penales, sino administrativas, lo cual es una barbaridad; la falta de “papeles” será agravante en caso de delito; habrá castigo también para los que alquilen viviendas o den trabajo a los que estén en situación irregular, y más trabas para el reagrupamiento familiar. Es, en fin, la receta para todo de la derecha, más cuanto más extrema. El castigo por delante. Parece que resulta más rápido y fácil reprimir que gestionar… o quizá no, porque teniendo en cuenta que el fenómeno de la inmigración no se va a detener, los italianos se pueden encontrar con un problema que se les vaya de las manos, como por ejemplo cárceles desbordadas y una inversión que la oposición cifra ya en cincuenta mil millones de euros. No es difícil augurar un caos penal. Si la desesperación de los que entran ilegalmente en Europa los lleva a jugarse la piel en viajes inenarrables en unas barquitas de papel, no se van a asustar por una amenaza de cárcel. Así no se frena la inmigración. Puede, quizá, si la población es muy manejable, obtenerse cierta popularidad con el viejo pero rentable argumento de que todo es en favor de la seguridad ciudadana y para frenar el gravísimo problema de la delincuencia. La ciudadanía parece que todavía se lo cree.Paralelamente, las imágenes que nos llegan del país son literalmente una porquería. Nos referimos por supuesto a las toneladas de basura que inundan las calles de Nápoles, invadidas por las ratas, bajo alerta sanitaria por el peligro de infecciones, y bajo la nube fétida que desprende semejante cantidad de podredumbre. Retomamos el estupor inicial: ¿cómo es posible? ¿Cómo ha llegado a semejante dejadez? Desde luego, no deja de ser una triste metáfora de lo que sucede en la vida política del país. El interrogante que flota en el ambiente es si todo este asunto se trata de un exabrupto de Berlusconi y su camarilla, sin más consecuencias que las que vaya a tener en la política interna del país, o si esta mecha podrá ser capaz de encender la xenofobia en otros lugares de Europa. Lamentablemente, en algunos sectores aún sigue latente el germen de la intolerancia esperando que venga algún descerebrado a alimentarlo.
Esperemos que esta vez gane la cordura. Cordura, esa cualidad que se ha perdido en Italia...

 

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