
Ya
estábamos hartas de hombres de pelo en el pecho y botones sin abotonar,
estábamos hartas de hombres duros y rudos, de hombres autoritarios y
protectores. Y sobre todo enterraremos definitivamente aquel refrán: "El
hombre y el oso...". ¡Qué alivio!
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JUNIO 2004

Y LLEGO EL METROSEXUAL
POR RAQUEL BUZNEGO (PSICOLOGA)
-¿Metro
qué?
-Metrosexual, mamá, que no te enteras.
Mari no salía de su asombro, su hijo, que pasaba
más tiempo del que ella consideraba oportuno ante el espejo, se puso
mechas, compró cosméticos y se dedicó a visitar tiendas de "ultimísima"
con más asiduidad de la debida. El chico se le antojaba raro, muy raro.
Y es que la palabra no le sonaba en absoluto o, en todo caso, le sonaba
a chino. Si acaso le sugería que podía ser gay. No se atrevía a
preguntar porque, oye, las vecinas qué dirían. A sus amigas tampoco
porque, a saber, qué era aquello tan raro.
En fin, que la pobre andaba desconcertada. Y lo peor no era eso, lo peor
era que se sentía culpable porque el marido de Mari, o sea, el padre de
la criatura, macho ibérico, protector y dominante, culpaba a la pobre
mujer de la transformación del niño. Tan "enmadrado", tan protegido, tan
mimado. Ya decía él que al final sería "amariconado"
Pues nada mujer, no te alarmes, te informo que para eso estamos:
La palabra metrosexual la acuñó Mark Simpson en 1994 para definir a un
modelo de hombre contemporáneo que se situaba en el punto medio entre el
macho tradicional y el gay.
Este nuevo modelo vive, generalmente, en las metrópolis donde tiene a su
alcance peluquerías que se ajustan a las nuevas tendencias y tiendas de
moda vangüardistas. Es un gran consumidor, tanto de moda como de ocio y
cultura, las últimas tecnologías también se encuentran entre sus
pasiones.
Y no sólo eso, mujer, que la cosa también rebosa filosofía, su doctrina
radica en cierta rebeldía contra el prototipo de hombre duro, están en
contacto y manifiestan su lado femenino, su sensibilidad.
Me parece bien, qué quieres que te diga, era hora. Ya estábamos hartas
de hombres de pelo en el pecho y botones sin abotonar, estábamos hartas
de hombres duros y rudos, de hombres autoritarios y protectores. Y sobre
todo enterraremos definitivamente aquel refrán: "El hombre y el oso...".
¡Qué alivio!
Aún tienen más ventajas, les encanta agradar, ser admirados y, para
ello, no sólo rinden culto al cuerpo y a su indumentaria sino que
cultivan su mente, son devoradores de cultura y les gustan los manuales
de autoayuda. No está nada mal, digo yo; a ver si a fuerza de leer son
más empáticos, más positivos y más amables.
Odian la violencia, se caracterizan por cultivar la calma y el
autocontrol, para ello son más partidarios de la espiritualidad del yoga
que de la agresividad de otros deportes. Y, no te lo pierdas, sus
modales son correctos, delicados; se instruyen en los buenos modos y en
las formas acordes.
Puede que tus vecinas, y la abuela, pongan el grito en el cielo creyendo
que tu hijo es homosexual, tu "tranqui" que si ha de ser será pero no
porque sea metrosexual, son cosas diferentes. Diles que en EEUU e
Inglaterra el hombre de hoy tiende a esa cultura, es cuestión de
redefinición y, oye, eso es muy bueno, hay que ir con los tiempos, el
hombre de las cavernas cumplió su función y el del siglo pasado también
lo hizo. El ambiente y las circunstancias demandan un espíritu nuevo, un
aire nuevo y nosotras agradecidas de poder asistir a esta maravillosa
transformación. Y, ya de paso, mira a ver si convences a tu marido,
sugiérele la posibilidad de apuntarse al movimiento, aún está a tiempo.
La revista "The Economist" estima que hasta un 35 por ciento de los
varones estadounidenses de edades comprendidas entre 25 y 45 años
muestran tendencias metrosexuales. Y cuando la moda cautive y eleve el
porcentaje, sin problemas, la edad no será un límite, se apuntará hasta
el abuelo. ¿Por qué no?
También la cosa tiene inconvenientes, no vayas a pensar, si las
conductas se llevan al extremo se puede fácilmente caer en la trampa de
la pura y dura frivolidad, el individuo se puede convertir en "fashion
victim" que dejará temblando su cuenta corriente mes tras mes. Además
suelen hacer sus compras con tarjeta, lo que hace que despilfarren su
sueldo por adelantado. Es lo malo del asunto.
Ya ves, Mari, eso de ser "metro" mola mucho. Ya puedes salir de casa con
la cabeza bien alta que el niño de homosexual tiene tanto como yo, o
sea, nada. Si las vecinas critican dales "caña" que ahora ya sabes de
qué va el asunto, estás al día que se mueran de envidia de lo mono que
va el chico.
Entretanto ve introduciendo a tu marido en la causa. Un cambio nunca
viene mal
Es cuestión de estética. ∆ |