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junio 2004

ECOS DE UN ENLACE REAL
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Ambos se complementan, ambos encajan como si hubieran sido diseñados
para formar un binomio
casi perfecto en una sociedad que cada día tiende más al caos.
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Cuando este número de Fusión esté en la calle, la boda real ya es
historia. Son las ventajas y desventajas de ser una publicación mensual,
pero también aporta la posibilidad de tener que mirar determinados
acontecimientos desde la perspectiva del tiempo, bien sea pasado o futuro, y
eso obliga a analizar las cosas desde otro punto de vista, lejos de las
luces de colores y de los apasionamientos propios de tales eventos.
Y en este caso no queríamos dejar de poner nuestra gotita de análisis y
estudio sobre un acontecimiento que va mucho más allá, a nuestro juicio, de
lo que puede ser la visión rosa y superficial que en general se ha
transmitido de la famosa boda.
En primer lugar, es destacable que después del trágico 11-M, España haya
sido de nuevo el epicentro mundial, aunque esta vez por razones muy
diferentes.
Todo lo ocurrido en este país en los últimos meses marca la más
controvertida racha de acontecimientos que se recuerda en muchísimo tiempo.
Hemos vivido de todo, y todo con una intensidad y a una velocidad casi
difícil de controlar.
Además, es como si todos los acontecimientos fueran marcando una progresión
que va desde la tragedia hasta la historia de cuento de hadas. Es como si el
movimiento nos condujera a través de un túnel que poco a poco nos va
llevando hacia un estado de vida diferente, desde las sombras de un pasado
oscuro hacia la luz de un futuro diferente marcado, en su última expresión,
por la boda real.
España, y sobre todo Madrid, pasó de la amargura a la alegría desbordante en
muy poco tiempo.
Fueron muchos cambios, y no todos aún se comprendieron y se asimilaron. Pero
el último, la boda real, es en realidad un acontecimiento con proyección
futura, que se sitúa ahora, en nuestro tiempo real, pero que va a tener su
verdadera expresión en un futuro cercano.
El Príncipe, futuro Rey, afirma y define su posición justo en este momento
tan especial que vive España y el mundo. Su papel en los acontecimientos
mundiales futuros se intuye de gran trascendencia, porque España, por
ubicación y por historia, es y será aún más un puente de equilibrio y
acercamiento entre Europa y el Islam.
Letizia, futura Reina, posee las cualidades necesarias para afrontar, junto
a su marido, momentos cruciales en los que van a tener que tomar decisiones
muy importantes.
Ambos se complementan, ambos encajan como si hubieran sido diseñados para
formar un binomio casi perfecto en una sociedad que cada día tiende más al
caos.
No existe nada que sea casualidad, todo obedece a algo, todo está regido por
alguna ley, todo sigue un patrón para conseguir un objetivo.
Las miradas superficiales se habrán detenido en lo superficial, pero más
allá de todo lo que rodea estos acontecimientos y que es inevitable pasar
por ello, existen otras fuerzas que se mueven y que colocan las piezas cada
una en su sitio.
Tampoco es cuestión de un análisis político bajo el dilema monarquía sí o
monarquía no, porque cuando los acontecimientos estallan ante nuestras
narices, ahí lo importante es que cada uno, desde el nivel que ocupa, ponga
lo mejor de sí mismo para ayudar, apoyar, solucionar y ejercer influencia.
El pueblo español debe mirar hacia la nueva pareja real con visión de futuro
y, sobre todo, no dejar de lado el hecho de que se consagran como pareja en
un momento especialmente crítico en la humanidad y cuando España, repito, y
por muy diferentes razones, lleva unos meses siendo el epicentro mundial.
Eso, simplemente, ya significa algo.
Y nuestra intención, con estas palabras, no es otra que intentar que los
fuegos artificiales no tapen lo que se oculta detrás de un acontecimiento
que encierra un profundo significado en el futuro de España y del equilibrio
mundial.
El resto es cosa del tiempo, el nos mostrará lo real y lo irreal, lo útil y
lo inútil, pero sólo nosotros podemos lograr que los acontecimientos no
pasen a nuestro lado sin que nos enteremos.
Al fin y al cabo, el futuro está escrito en muchas partes.
Sólo hay que querer y saber leerlo./
MC |
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