El
Gobierno ha paralizado la aplicación de la Ley de Calidad. A partir de
octubre entrará en el Parlamento el nuevo Proyecto de Ley para ser debatido
y tramitado. La polémica respecto a cómo debe ser esa ley está servida.
Hablamos con Miguel Recio, Secretario de Política Educativa de la Federación
de Enseñanza de CCOO.
-¿Por qué era necesaria una reforma de la Ley de
Calidad y sobre qué puntos fundamentales incidiría?
-Una reforma sobre la llamada
ley de
calidad (LOCE) es inevitable.
En primer lugar a causa de la propia incapacidad de esta ley para abordar y
solucionar los actuales problemas del sistema educativo: el escaso gasto
público educativo; las insuficientes medidas de apoyo y atención a la
diversidad de los alumnos; la falta de plazas públicas en tramos como el 0-2
y 3-5, así como la carencia de Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior
en casi la mitad de los institutos y muy numerosos centros concertados; el
distanciamiento y falta de compromiso de la educación con los retos morales
y políticos que la sociedad demanda (papeles sociales iguales para varones y
mujeres, interculturalidad, tolerancia, solidaridad...); el sesgo social (en
contra de los alumnos provenientes de familias más desfavorecidas) del
fracaso escolar y la manipulación de éste; la importante falta de control
social y de la comunidad educativa de los fondos entregados a los centros
privados (conciertos); la desigualdad en las condiciones de trabajo y
salariales de trabajadores, pagados con fondos públicos, que realizan
similar trabajo; la reducción en la autonomía pedagógica, organizativa y de
gestión, etc...
Además era imposible aplicarla por sus propios problemas organizativos y de
financiación: sin un catálogo de cualificaciones al que poder referir el
contenido modular de los PIP (programas
de iniciación
profesional), sin una
distribución por centros de éstos y de los itinerarios, sin financiación
para la gratuidad del 3-5, etc..., no se podía implantar la LOCE.
Por último, al aislamiento social (una ley contra las organizaciones
mayoritarias de padres, profesores y alumnos) ha correspondido el
aislamiento político: sólo la ha apoyado el PP y Coalición Canaria (al
contrario que la LOGSE) y el debate político en el
parlamento, con un tiempo de
escasos segundos por enmienda, ha sido un remedo y una burla de un debate de
altura sobre la educación que necesitamos.
-Estudiantes en
la calle y asociaciones estudiantiles han exigido al Gobierno que garantice
de una vez por todas la oferta de plazas en centros públicos; que se cuente
más con ellos en el transcurso de la vida escolar. ¿Este tipo de cuestiones
están contempladas en esta reforma?
- De
la reforma de la LOCE no se sabe mucho, pero hay unas referencias claras: el
texto de la enmienda alternativa que el PSOE presentó en el debate de
totalidad de la ley de
Calidad; lo que dice al respecto su amplio programa electoral de educación y
lo que pidió la comunidad educativa en la calle. La Constitución (art. 27)
obliga al Estado a garantizar el ejercicio del derecho a la educación con
una programación general de la enseñanza en la que los poderes públicos
deben tener la iniciativa (inversiones). Respecto a que los estudiantes
recobren en el Consejo Escolar un papel de participación decisiva en la
elección del director, hay -desde el PSOE- mensajes contradictorios y
preocupantes. Véase la reglamentación tan poco participativa que ha hecho la
Consejería de Extremadura (en manos del PSOE) para la designación del
director y la ausencia de referencias a este tema (director elegido por el
Consejo Escolar) en los comunicados del Gobierno.
- ¿Para cuándo
el acceso a un sistema educativo laico, respetuoso con el resto de creencias
y tradiciones y sin privilegios de ningún tipo como hasta ahora viene
sucediendo?
-
Sobre este tema hay algunas iniciativas que nos permiten albergar cierta
esperanza: suspensión de la obligatoriedad de cursar el área de educación
religiosa y vuelta a la situación anterior (RD de 1994): religión
confesional voluntaria, no evaluable... Y, sobre todo, la revisión de los
Acuerdos España-Vaticano, en los que hay una confusión deliberada entre el
derecho a la educación (incluyendo todas las religiones y sus
manifestaciones artísticas, literarias, filosóficas,... pero impartida por
el profesorado) y el derecho a la transmisión de una ideología o creencia
religiosa, algo personal y voluntario y que no es competencia del Estado
cuya labor es velar por que no se limite.
- ¿Crees que
abrir el debate en torno a estos y otros temas es sinónimo de confusión o
desconcierto?
- El
caos lo ha introducido el PP. Ejemplo: en 2000 se aprueban nuevos currículos
de bachillerato y ESO. Se modifican los anteriores sin haberlos dejado
implantarse de manera generalizada; estos currículos del PP se estaban
acabando de implantar este curso 2003-04; pues bien, la LOCE ya regula
nuevos currículos para ESO y bachillerato, sin que los anteriores -los del
2000, del PP- se hayan implantado. Además el RD de calendario de la LOCE
dice que en este curso 2003-04 se deben implantar los criterios de
evaluación y promoción de los currículos de la LOCE para la ESO, con los
objetivos, contenidos, etc... de los currículos del 2000 (del PP) de la
LOGSE para la ESO. En tres años, tres currículos: los anteriores de la LOGSE,
los del 2000 y los de la LOCE. ¿Cabe más desconcierto? ∆